El ser vivo, desde el momento del nacimiento, se nutre de una doble fuente: el cielo y la tierra, que proporcionan, respectivamente, el aire que respiramos y los alimentos que consumimos.
Respiración y nutrición son, por lo tanto las actividades esenciales de la vida para la construcción de la salud; a nivel individual no podemos cambiar la calidad del aire que respiramos, pero sí podemos elegir la calidad y cantidad de alimentos que son los más adecuados.
Aire y alimentos, procesados y utilizados adecuadamente, proporcionan la energía del cuerpo y la sangre.
La energía es la base para cada uno de los procesos útiles para mantener el cuerpo (calor, trasnformación, reparación, construcción, circulación). La sangre, que es una forma de energía más material, proporciona alimento a cada célula.
Energía y sangre, en conjunto, satisfaciendo las necesidades de los vivos, tenidas en cuenta en su totalidad, pueden considerarse un entidad cuerpo-mente, hecha de una única sustancia, más densa y coherente en sus manifestaciones materiales, más sutil y enrarecida en el espiritual.
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