En la dinastía Ming, había dos hermanos, que a pesar de tener los mismos padres, tenían temperamentos muy diferentes. El hermano mayor era ambicioso, perezoso y siempre discutía por cualquier pequeño detalle. El hermano menor era diligente, decente y cariñoso. Un día, ambos emprendieron un viaje en carreta para realizar un negocio. Estaba lloviendo y la carretera estaba muy resbalosa. El hermano mayor perdió el control de la carreta y cayeron en un precipicio, donde ambos murieron. Los dos hermanos llegaron al mundo de las tinieblas, donde un guardia de la corte los esperaba, y los llevó al Reino de los Infiernos.
El Rey de los Infiernos les dijo: “Ya que ninguno de ustedes ha hecho algo excepcionalmente bueno o malo, ambos reencarnarán como humanos nuevamente. Juez, compruebe las familias que tendrán bebés.”
El juez sacó la Lista de la Vida y la Muerte, la estudió cuidadosamente y dijo: “Mi rey, dos familias, los Zhao y los Xie, están predestinados a tener hijos varones. El hijo de los Zhao ayudará a otros cuando crezca, pero el hijo de los Xie recibirá ayuda de otros.”
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