El niño cuando nace es como una memoria en blanco, no contiene nada y depende totalmente del amor y de los cuidados de su madre, así se va formando poco a poco para adaptarse a este nuevo mundo. Cuando nace trae consigo el aroma del silencio del vientre de su madre, por eso es tan grato contemplar a un niño, nos recuerda el silencio del que nacimos, el cual hemos olvidado y que por momentos intuimos.
El niño empieza a vivir bajo el impacto del asombro, del entusiasmo, descubriendo lo que le rodea, descubriéndose a sí mismo. Primero reconoce el rostro y el aroma de su madre, luego a sí mismo: observa sus manos, sus pies, toca su cuerpo y así es como van desarrollando sus sentidos y su confianza. Descubre su habitación, sus juguetes, sus familiares, ¡su mundo!, su memoria en blanco va juntando información.
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